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Test VARK

Dinamizar una devolución VARK en 60 a 90 minutos

Un desarrollo para convertir la cuadrícula en una conversación de grupo sobre las formas de trabajar y los materiales, con lo que conviene decir y lo que es mejor evitar.

Este desarrollo se apoya en la cuadrícula del grupo: abres una sesión, cada persona responde desde el mismo enlace y la cuadrícula se actualiza a medida que llegan las respuestas.

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Gratis, sin registro, a partir de 3 participantes.

Ver cómo funciona una sesión de grupo

Qué es el VARK, y qué no es

El VARK viene de Neil Fleming y Colleen Mills (1992): cuatro formas preferidas de recibir una información, visual, auditiva, a través de la lectura y la escritura, y kinestésica, es decir, a través de la práctica. El modelo está muy extendido en la enseñanza y la formación, pero su uso más habitual, enseñar a cada uno en su canal preferido, no encuentra un apoyo sólido: es la llamada hipótesis de emparejamiento (meshing), y la revisión de Pashler y sus colegas (2008) no encontró ningún estudio que la respaldara de forma convincente. Este test es un test independiente inspirado en ese modelo, no el cuestionario VARK oficial, y no es ni una herramienta de diagnóstico ni una medida de las capacidades.

En un taller, estas cuatro palabras pueden servir de vocabulario común para hablar de los materiales: los que cada uno dice buscar y los que evita. Las respuestas describen preferencias declaradas hoy, no una capacidad para aprender por un canal ni el método que más haría avanzar, y un mismo resultado puede mezclar varios canales cercanos. Es un apoyo para la conversación, no una medida de la persona. Este cuestionario no tiene grupo de referencia, y no hemos realizado ningún estudio de estabilidad de los resultados (test-retest).

Lo que este cuestionario no permite

  • decir cómo le irá a una persona o al grupo, o por qué canal aprende mejor alguien;
  • formar grupos de trabajo, o asignar materiales o roles según los perfiles;
  • comparar a dos personas en un mismo eje: las respuestas son de elección forzada y de total fijo, así que las cuatro puntuaciones de cada uno se leen entre sí, nunca frente a las de otra persona;
  • evaluar, contratar o justificar una decisión sobre alguien;
  • adaptar una clase o un repaso al canal preferido de cada uno: preferir un canal no significa aprender mejor por él, y los pocos estudios bien diseñados que han puesto a prueba este emparejamiento no lo han confirmado (Pashler y sus colegas, 2008).

El desarrollo

  1. Minutos 0 a 10, el marco.

    Anunciar el objetivo: hablar de los materiales que ayudan al grupo, no clasificar a las personas. Decir que el resultado describe una preferencia declarada, no una capacidad, que cada uno puede aprender de varias formas, que el nombre es opcional y que nadie tendrá que anunciar su perfil. Compartir el enlace o el código QR.

  2. Minutos 10 a 25, el test y la lectura individual.

    Cada uno responde por su cuenta, luego lee su página de resultado en silencio y anota una frase que se le parece y otra que no.

  3. Minutos 25 a 40, la cuadrícula.

    Proyectar la cuadrícula y preguntar primero qué ve la gente en ella, antes de cualquier interpretación. Después, leer la composición en forma de preguntas sobre los materiales del grupo: un canal frecuente, un canal poco representado, un canal ausente. Cada lectura es una hipótesis que el grupo confirma o descarta. La cuadrícula solo guarda el canal que va en cabeza en cada uno: una persona con dos canales cercanos o empatados cae en una sola casilla, y una casilla vacía solo significa que nadie lo tiene en primer lugar. Un canal muy presente puede hablar tanto de los materiales a los que el grupo está acostumbrado como de lo que prefiere, y una cuadrícula homogénea puede deberse en parte a cómo se formó el grupo. Ninguna casilla dice cómo adaptar la clase.

  4. Minutos 40 a 55, la conversación.

    Hacer el ejercicio «dónde me describió mal este perfil», más abajo, y luego plantear esta pregunta: «¿Qué material reciente, en clase, en una formación o en otro sitio, te ayudó a entender, y cuál te estorbó?»

  5. Minutos 55 a 60, el compromiso.

    El grupo elige un único gesto concreto para la próxima sesión, a partir de lo que se ha dicho, no de los canales: por ejemplo, presentar una misma idea con un formato más (un esquema, un rato de intercambio oral, un ejercicio práctico), para todos, y luego preguntar al grupo qué le ayudó (una impresión, no una medida de lo aprendido). Es un ensayo que observar, no un efecto prometido, y nunca un formato reservado a una persona por su perfil. Quien lleva el gesto se ofrece por sí mismo: la cuadrícula no señala a nadie.

  6. Variante de 90 minutos.

    Entre el minuto 40 y el 70, trabajar en subgrupos de tres o cuatro sobre una clase o una formación reciente: ¿por qué canales distintos se podría ofrecer a todos, y qué observaríamos para saber si ayuda? No se trata de adaptar la clase a cada preferencia presente en la sala. Cada subgrupo lo resume en una frase y luego se dejan veinte minutos para el compromiso.

El ejercicio «dónde me describió mal este perfil»

Cada uno relee su descripción y señala dos frases: la que peor le describe y la que podría describir a casi cualquiera. Se ponen en común las segundas, sin decir de qué perfil vienen.

Es el efecto Barnum, descrito por Bertram Forer en 1949: una descripción lo bastante general parece personal a la mayoría de la gente. Detectarlo juntos recuerda que el resultado es un punto de partida, y hace legítimo no reconocerse en él.

Por qué partir de un caso real y reciente

Un metaanálisis sobre los debriefings (Tannenbaum y Cerasoli, 2013) asocia el hecho de revisar juntos un episodio de trabajo concreto con un mejor desempeño después, sobre todo en estudios de simulación (médica y militar). No trata del VARK, ni de la elección de materiales de aprendizaje, ni de ninguna herramienta de perfil: la pregunta que se plantea en la conversación se inspira en él (partir de un caso real y reciente) sin ser un debriefing en el sentido del estudio, y este desarrollo no promete ningún efecto en el grupo ni en los resultados de cada uno.

Qué evitar durante la sesión

  • adivinar o anunciar en voz alta el perfil de un participante que no lo ha dicho él mismo, o encerrar a alguien en el suyo («eres kinestésico, así que no retienes nada de una clase magistral»);
  • leer ante el grupo los nombres de la lista reservada a quien dinamiza;
  • comentar una pareja de personas nombradas, o comparar a dos participantes en un mismo canal;
  • repartir a las personas, las tareas o los materiales según el canal preferido, o reservar a alguien un formato por su perfil: un formato más se ofrece a todo el grupo;
  • sacar de la cuadrícula un juicio sobre lo que vale o lo que logrará el grupo, o explicar una dificultad por un canal.

¿Te ha servido esta herramienta? Si tienes una página de recursos para tu alumnado, tus participantes o tus colegas, puedes mencionar Profilia (profilia.app). Nada más: sin formularios y sin nada a cambio.